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La sombra de Vichy regresa en un complejo año electoral | Internacional
26.08.2026 - Çarşamba 21:52 [ad_1]

Más allá de cremas, aguas termales y esos caramelitos hexagonales de menta con regusto a medicina, Vichy quedó asociado el 10 de julio de 1940 a uno de los momentos más bajos de la historia de Francia. Aquella tarde, a las 18.55 en el teatro de la Ópera, solo 80 parlamentarios se opusieron a la constitución de un régimen autoritario, traidor y colaboracionista con la Alemania de Hitler que mancillaría para siempre a la coqueta ciudad a orillas del río Allier. Pero Vichy, 80 años después, no solo quiere liberarse de ese estigma, sino reivindicarse como advertencia de la fragilidad de las democracias en tiempos oscuros.
“El 10 de julio de 1940 todos eran conscientes de que se creaba un régimen totalitario. Y eso muestra esa fragilidad que, en este periodo tan complejo que atravesamos, puede ser muy útil. Las instituciones existen porque los franceses quieren, pero si mañana detienen su combate democrático, no habremos entendido nada de lo que ocurrió aquí”, explica a EL PAÍS Frédéric Aguilera, alcalde de centroderecha de la localidad.
Vichy no tuvo la culpa. No había motivos sociológicos, políticos o culturales particulares para elegir esta localidad (25.000 habitantes) como sede del gobierno francés. Se instauró aquí simplemente porque su infraestructura hotelera, sus palacios, su red de telefonía y las comodidades permitían el despliegue que necesitaba el vergonzante régimen. “Pétain había pedido a los nazis que fuera en Versalles. Pero no se lo concedieron”, recuerda Aguilera desvinculando la voluntad de la ciudad de participar en aquella traición a los ideales de la República durante cuatro largos años.
Vichy, 82 años después, celebró este miércoles la liberación de la ciudad, una fiesta que tradicionalmente trataba de alejar su nombre del del mariscal Pétain, líder de aquella farsa política. Pero la timidez con la que se abordaban celebraciones y conmemoraciones, la suave determinación con la que se miraba en el retrovisor de su propia historia ha cambiado. Aguilera, en la plaza Charles De Gaulle, enarbola un discurso frontal contra aquel pasado, pero también con cierta inquietued por el futuro. “Hoy miramos a nuestro pasado de frente, siendo conscientes de que nosotros no pedimos ser la capital de nada y que fueron 4 años en 2000 años de historia. Pero, sobre todo, que el problema ya no es que se asocie la ciudad a ese problema, sino que se utilice la ciudad como chivo expiatorio para evitar aceptar que fue gran parte de Francia que colaboró y que eso no se ha aceptado todavía”, explica antes de empezar.
Vichy no se esconde. Por la tarde, se proyecta en primicia la película Notre salut, dirigida por Emmanuel Marre, rodada en Vichy e inspirada en la historia real del bisabuelo del director, funcionario del régimen de Vichy. La película no retrata la colaboración como una monstruosidad, sino como una suma de acomodamientos institucionales, ambiciones mezquinas y conformismo. “Lo que cuenta la película es simple”, señala. “Cuando se altera un pequeño porcentaje de la Libertad, la Igualdad o la Fraternidad, la idea que aparece en la fachada de todas las instituciones, todo se vuelve más peligroso”, lanza.
Vichy es una advertencia, como pide Aguilera. Porque todo recuerda aquí a uno de los momentos más bajos de la historia de Francia. “Nadie lo ha olvidado, claro. Pero tampoco nos han dejado. Es como si nuestra ciudad fuera el apellido del nombre de un dictador atroz”, recuerda Jules Martínez, hijo de inmigrantes españoles, sobre el estigma que pesa sobre el topónimo.
Francia terminó en 1940 dividida en dos zonas tras el acuerdo de cese de hostilidades. La mitad norte y toda la franja atlántica quedaron en poder de los nazis. El resto, incluidas las colonias, permanecieron bajo control francés. El 10 de julio se formó el nuevo gobierno, con sede en la ciudad balneario de Vichy. El lema republicano “Libertad, igualdad, fraternidad” del que hablaba Marre, se sustituyó por el de “Trabajo, familia, patria”. Algunos, muy pocos, se unieron a la Resistencia. Otros, colaboraron activamente. Pero la gran mayoría formó parte de esa vergonzante resignación y trató de acoplase al nuevo ritmo con el consuelo de haber evitado otra guerra. Solo dos años después, también un 26 de agosto, comenzó una gran redada en la denominada Francia libre -el régimen de Vichy- para deportar alrededor de 10.000 judíos. “En momentos de dificultad económica y social puede haber rersurgimientos de la extrema derecha. No creo que debamos estar inquietos, pero sí vigilantes”, advierte el historiador Alexandre Doulut, experto en aquel crimen cometido con la connivencia del régimen francés.
La ciudad, cuna de la belle époque en los tiempos de Napoleón III, que la convirtió en capital del reposo burgués, fue el nombre asociado a esa deshonra. En la la entrada de la Ópera, como si durante años solo hubiera querido evocarse la parte positiva de la historia, se recuerda a “los 80 parlamentarios que con su voto afirmaron su apego a la República, su amor a la libertad y su fe en la victoria”. “Así terminó la III República”. El viejo palacio lírico fue el escenario donde el 10 de julio de 1940 se reunió la Asamblea Nacional para disolver, por una mayoría abrumadora, la III República y entregar los plenos poderes a Pétain. Y los 80 son esos diputados que votaron en contra. Los únicos que resistieron cuando la democracia hacía ya aguas.
Aguilera explica que lucha para que el término “régimen de Vichy” se sustituya por el de “Estado francés”. “Vichy fue el chivo expiatorio. Pero el problema es que Francia tiene grandes dificultades para asumir esa historia y se pide a Vichy hacer el trabajo que todo el país ha rechazado hacer. Es fácil decir que fue Vichy y no París. O que los verdaderos franceses no colaboraron. La expresión régimen de Vichy contiene algo de todo eso. Pero si no aceptamos mirar al pasado directamente, no se puede proteger el futuro. Por eso, quizá la conmemoración más importante es la del 10 de julio: esa fecha enterró la tercera república a través de un proyecto político de extrema derecha. Y eso es lo más interesante para nuestras democracias y para la propia Francia. Pensamos que la democracia está garantizada, pero vemos que no es así en EE UU y en algunos países europeos”.
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